Pasito a pasito hacemos el flanqueo del último nevero. Llevo a Moss asegurado con la cuerda por si acaso y tengo mis serias dudas de si podría controlar una caída con el armario y el perro. Pero mi inquietud se disipa porque se está portando genial, va centrado en la huella e incluso avanza rápido de más como si intuyera que estamos en lugar inestable. Como no quiero separarme mucho de Lourdes — que me sigue a pocos metros y va muy tranquila — tengo que frenarlo. Afortunadamente no nos cruzamos con nadie y así alcanzamos el paso de la brecha.
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Travesía circular Bujaruelo — Sarradets — Ordesa (II)
Travesía circular Bujaruelo — Sarradets — Ordesa (I)
Buscamos la roca más grande y que nos proteja del fuerte viento que baja desde el puerto. Limpiamos el entorno de ortigas con los piolets y montamos la tienda. Hasta nos permitirmos el lujo de lavarnos utilizando como plato de ducha una gran losa de piedra caliente que alivia los rigores del frío. Cocinamos pasta con vistas hacia el espléndido valle de Otal que tenemos enfrente y vemos desaparecer el sol tras la Tendeñera.
La noche se adueña del ambiente y ya estamos dentro de los sacos. La pluma nunca sobra en Pirineos y menos cuando estás por encima de los 2000 metros y bajo el aliento gélido de la nevera de los Marborés. El saludo de las marmotas hace tiempo que hemos dejado de escucharlo y Moss ocupa su espacio bajo el ábside mientras se recuesta sobre la pared de la tienda. Entre sus riñones y los de Lourdes tengo el hueco justo para disfrutar de mis sueños.
Viaje a la Sierra (y VI): de Huelga Utrera a Pontones
Nos reímos juntos con su broma y ponemos los pies en el asfalto de la carretera para, unos pocos metros más adelante, dejarlo bajo la línea del tendido eléctrico. Ahora seguimos la traza del paso de ganado en su tránsito hacia la zona conocida como los Palancares, a medio camino entre Poyotello y Pontones. Aunque no se ven muchos rastros la lógica del trazado es sencilla y después de una hora nos asomamos al caserío de Pontones. Descendemos por una tinada y entramos en la carretera de Santiago. Antes de entrar al pueblo cogemos la carretera de Fuente Segura y hacemos una parada técnica en el restaurante la ruta del Segura para deliberar: gabinete de crisis.
Viaje a la Sierra (V): del prado de Juan Ruiz a Huelga Utrera
En Prado Maguillo, nada más entrar al pueblo, a mano izquierda, un par de familias disfruta del sol en una mesa alargada a la sombra de una casa preciosa que más bien parece sacada del valle de Salazar que de este ambiente sureño. Nos invitan y para allá que nos vamos. ¿Cómo decir que no a una cerveza fresca y un rato de charla a la sombra? Son dos familias de Jaén que tienen ahí su segunda residencia. Amablemente nos ofrecen de comer pero les decimos que acabamos de arreglarnos más arriba. Aún así, me bebo un litro de cerveza y algunas mandarinas porque es de fruta de lo que vamos más necesitados. El que mejor parado sale es Moss que, a cambio de jugar un buen rato con toda la chiquillería, recibe como premio los macarrones con carne sobrantes. Esto es felicidad.
Viaje a la Sierra (IV): de la Pradomira al Prado de Juan Ruiz
La pendiente cede, las miles de trazas se aglutinan en unas pocas y empiezan a verse hitos. El ojo de la borrica se pone bueno y este tipo de resoluciones justifican todas las angustias. Progresamos hacia el Sur por un terreno cada vez más despejado y bonito. ¡Cómo estoy disfrutando de las cascadas y esta traza semiperdida! Al final, llegamos al collado, que más bien es un gigantesco campo de fútbol sobre el que es difícil elegir el descenso. Nos tiramos a la buena de Dios y encontramos nuevas trazas bastante fiables. Las seguimos y pronto se hacen senda. Finalmente, la senda desemboca en otra mayor con señales de PR. BIEN. Estamos donde yo pensaba: en el PR que sube desde Juan Ruiz hacia el Calar de la Sima.
Pasito a pasito hacemos el flanqueo del último nevero. Llevo a Moss asegurado con la cuerda por si acaso y tengo mis serias dudas de si podría controlar una caída con el armario y el perro. Pero mi inquietud se disipa porque se está portando genial, va centrado en la huella e incluso avanza rápido de más como si intuyera que estamos en lugar inestable. Como no quiero separarme mucho de Lourdes — que me sigue a pocos metros y va muy tranquila — tengo que frenarlo. Afortunadamente no nos cruzamos con nadie y así alcanzamos el paso de la brecha.
Buscamos la roca más grande y que nos proteja del fuerte viento que baja desde el puerto. Limpiamos el entorno de ortigas con los piolets y montamos la tienda. Hasta nos permitirmos el lujo de lavarnos utilizando como plato de ducha una gran losa de piedra caliente que alivia los rigores del frío. Cocinamos pasta con vistas hacia el espléndido valle de Otal que tenemos enfrente y vemos desaparecer el sol tras la Tendeñera.
Nos reímos juntos con su broma y ponemos los pies en el asfalto de la carretera para, unos pocos metros más adelante, dejarlo bajo la línea del tendido eléctrico. Ahora seguimos la traza del paso de ganado en su tránsito hacia la zona conocida como los Palancares, a medio camino entre Poyotello y Pontones. Aunque no se ven muchos rastros la lógica del trazado es sencilla y después de una hora nos asomamos al caserío de Pontones. Descendemos por una tinada y entramos en la carretera de Santiago. Antes de entrar al pueblo cogemos la carretera de Fuente Segura y hacemos una parada técnica en el restaurante la ruta del Segura para deliberar: gabinete de crisis.
En Prado Maguillo, nada más entrar al pueblo, a mano izquierda, un par de familias disfruta del sol en una mesa alargada a la sombra de una casa preciosa que más bien parece sacada del valle de Salazar que de este ambiente sureño. Nos invitan y para allá que nos vamos. ¿Cómo decir que no a una cerveza fresca y un rato de charla a la sombra? Son dos familias de Jaén que tienen ahí su segunda residencia. Amablemente nos ofrecen de comer pero les decimos que acabamos de arreglarnos más arriba. Aún así, me bebo un litro de cerveza y algunas mandarinas porque es de fruta de lo que vamos más necesitados. El que mejor parado sale es Moss que, a cambio de jugar un buen rato con toda la chiquillería, recibe como premio los macarrones con carne sobrantes. Esto es felicidad.
La pendiente cede, las miles de trazas se aglutinan en unas pocas y empiezan a verse hitos. El ojo de la borrica se pone bueno y este tipo de resoluciones justifican todas las angustias. Progresamos hacia el Sur por un terreno cada vez más despejado y bonito. ¡Cómo estoy disfrutando de las cascadas y esta traza semiperdida! Al final, llegamos al collado, que más bien es un gigantesco campo de fútbol sobre el que es difícil elegir el descenso. Nos tiramos a la buena de Dios y encontramos nuevas trazas bastante fiables. Las seguimos y pronto se hacen senda. Finalmente, la senda desemboca en otra mayor con señales de PR. BIEN. Estamos donde yo pensaba: en el PR que sube desde Juan Ruiz hacia el Calar de la Sima.
