Hay un lugar en la Sierra de récords pluviométricos: me refiero al sitio en cuyas laderas viven acebos, avellanos, helechos y robles de hoja ancha. Un lugar que recibe el embate de todos los temporales, los de Levante y los de Poniente; ese lugar es un rincón privilegiado en el que resisten acosadas por el desierto, los cambios climáticos y las sequías especies arbóreas únicas en estas latitudes. En estos pagos, la especial geometría de las montañas, su privilegiado enclave geográfico expuesto a todas las borrascas, provoca que las nubes sean generosas. Y tanto es así que tienen a bien desparramar más de mil de litros al año en cada metro cuadrado de las entrañas de esta zona de la Sierra. Sólo Grazalema supera estos registros en el Sur — y también en el Norte — de España.
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The big green: campo base en río Madera
Circular a las Sierras de las Cabras y Taibilla en BTT
Estas últimas semanas no me he recuperado muy bien del nevazo que me cayó en las costillas aquélla noche bajo los farallones de las Banderillas por lo que apenas he tocado Sierra. Los últimos fines de semana han estado dedicados a trabajo de campo, haciendo excursiones por casa para entregar unos trabajos pendientes y poco más. Pero ya era hora de montar algún tinglado que la primavera se nos pasa y tampoco es cuestión de perderse las amapolas, las hojas recientes de los chopos y cerezos y el juego de las nubes sobre el cielo revuelto.
Vía Verde del Noroeste en BTT
La Vía Verde del Noroeste arranca desde la ciudad de Murcia hasta Caravaca a lo largo de 80 kilómetros de taludes, viaductos, túneles, curvas y leves pendientes que comunican la capital con una comarca que, a mi juicio, guarda el mejor patrimonio natural de esta Región de Murcia.
Cagitán de Mula — Vertiente Caputa — Llanos del Ardal
En el triángulo Mula — Calasparra — Cieza se encuentra el Cagitán, una extensa llanura dedicada al secano, altiplanicie salpicada por antiguas casas de labor y con una red laberíntica de caminos de herradura, viejos senderos que enlazaban cortijadas y rincones distantes. El Cagitán me recuerda a la Mancha, sobre todo en esa zona del Campo de Montiel, donde el marrón intenso de las extensiones recién labradas se confunde con el azul hiriente del cielo mientras una nube despistada, posiblemente rezagada de algún frente, le añade una nota más de color al horizonte monótono de la llanura.
Paseo por la Sierra de los Álamos
A pocos kilómetros de casa está Moratalla, donde comienza ya la Sierra en serio, donde uno se puede colar entre pistas y no volver a pisar asfalto hasta llegar a la mismísima Cazorla.
Bueno, pues en un día de invierno quedamos Alejo, Iñaki y yo para subir el Puerto de San Juan y hacer la umbría de los Álamos, poderosa sierra con sus puntales — el de la Pegueruela, el del Fraile, el Alto del Frontón — que nos van a recibir con un viento muy frío y nubes amenazantes.
La ruta fue preciosa y al final nos tiramos por el río Alhárabe para el cámping de la Puerta. Una experiencia deliciosa para endulzar un poco el crudo invierno. Los periodistas de Marca estuvieron por allí y dieron cuenta de la noticia.
Hay un lugar en la Sierra de récords pluviométricos: me refiero al sitio en cuyas laderas viven acebos, avellanos, helechos y robles de hoja ancha. Un lugar que recibe el embate de todos los temporales, los de Levante y los de Poniente; ese lugar es un rincón privilegiado en el que resisten acosadas por el desierto, los cambios climáticos y las sequías especies arbóreas únicas en estas latitudes. En estos pagos, la especial geometría de las montañas, su privilegiado enclave geográfico expuesto a todas las borrascas, provoca que las nubes sean generosas. Y tanto es así que tienen a bien desparramar más de mil de litros al año en cada metro cuadrado de las entrañas de esta zona de la Sierra. Sólo Grazalema supera estos registros en el Sur — y también en el Norte — de España.
Estas últimas semanas no me he recuperado muy bien del nevazo que me cayó en las costillas 
En el triángulo Mula — Calasparra — Cieza se encuentra el Cagitán, una extensa llanura dedicada al secano, altiplanicie salpicada por antiguas casas de labor y con una red laberíntica de caminos de herradura, viejos senderos que enlazaban cortijadas y rincones distantes. El Cagitán me recuerda a la Mancha, sobre todo en esa zona del Campo de Montiel, donde el marrón intenso de las extensiones recién labradas se confunde con el azul hiriente del cielo mientras una nube despistada, posiblemente rezagada de algún frente, le añade una nota más de color al horizonte monótono de la llanura.
A pocos kilómetros de casa está Moratalla, donde comienza ya la Sierra en serio, donde uno se puede colar entre pistas y no volver a pisar asfalto hasta llegar a la mismísima Cazorla.
