Bueno, pues ha costado pero al final ya está en imprenta el libro del Danubio y saldrá a la venta a principios del próximo mes de Junio.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que me habéis ayudado en este proyecto y, muy especialmente a Javi, Belén, Bernardo, Raquel y Lourdes, que estuvisteis conmigo sufriendo mosquitos, cuestas, frío, calor, kilómetros, dolor de cuello y culo, indigestiones de Nutella, viento en contra, extravíos y muchas más penalidades… A cambio, ahora tenéis una silueta mucho más fina, unas piernas más estilizadas, un vientre liso y habéis guardado en la retina paisajes, árboles, luces y ciudades que antes no estaban.
Como algunos de vosotros sabéis, el Danubio fue un proyecto que nació hace ahora año y medio y que se cristalizó el pasado verano, en el mes de Julio de 2009, cuando hicimos el viaje en sí, experiencia que recogimos en el blog El Danubio en Bicicleta
donde encontraréis muchas de las etapas tal y como las vivimos en ese momento, así como fotografías y anécdotas.El Danubio es una ruta muy recomendable para hacer con amigos, en plan tranquilo… también para probar una aventura de verdad con la familia al completo. La relación esfuerzo/recompensa es muy buena y con un poco de entrenamiento — que conste que nosotros somos unos mataos — se llega lejos. Si queréis más información, aparte del libro y el blog, también he puesto algunas entradas relacionadas con esta historia que están disponibles pinchando aquí.
Para terminar, también podéis leer la reseña que hace Desnivel en su página web así como una entrevista que me hicieron. El caso es que, a día de hoy, no está presentado oficialmente. Si estáis leyendo esta noticia es porque los lectores de MONTAÑASdelSUR tenéis un trato preferencial :-)
¡Hasta pronto!
Archivo para la categoría ‘Expediciones en BTT’
El Danubio en bicicleta: ya sale el libro
Pirineo Navarro en BTT: Irati — Ochagavía — Garayoa (IV)
Respiro profundamente recortando las curvas, aprieto los dientes — los míos y los de las coronas de la bici — a la vez que miro el horizonte; en el lado francés hay nubes embarrancadas a baja altura mientras que en el español luce el sol esplendoroso. Estoy notando como me encuentro en lo mejor del verano, en el ecuador de esta temporada tan generosa de montaña y bici. Hay que ser agradecidos por estar aquí, subiendo a tralla, dejándote los pulmones y a la sombra de las hayas.
Pirineo Navarro en BTT: Erratzu — Donibane Garazi — Orbaitzeta (III)
Nos lanzamos en fuerte descenso hacia Baigorri disfrutando a tope de la jornada. Una carretera de Tour y un pueblo precioso este Baigorri. A la salida catamos los supermercados franceses y hacemos acopio de víveres para comer en Donibane Garazi o Sant Jean Pied de Port — como prefiráis. Antes de la comida nos sorprenden unas lomas donde la gente se enciende — ¿no habíamos quedado en ir tranquilos? — hasta que al final llegamos a Donibane Garazi que es un sitio chulo al que no entramos porque nos quedamos a comer en el primer parque con agua y sombra — entiéndase esta paradoja porque estamos muertos de hambre y ya se sabe que es imposible disfrutar de iglesias si el estómago ruge.
Pirineo Navarro en BTT: Lesaka — Sare — Erratzu (II)
De Lesaka buscamos Etxalar aunque para ahorrarnos la nacional y sus obras nos metemos por un trozo de vía verde que al final tenemos que abandonar por un terraplén para acometer la subida a Etxalar. Allí nos preparamos mentalmente para el puerto: tengo una foto de Emilio sentado en un banco con cara de aburrido pero no la saco porque está borrosa — como casi todas las fotos de este día, no ajustamos bien el ISO a unos sujetos en movimiento y con baja luz. El muchacho está deseando carnaza y claro, como vamos parándonos en todos los sitios, se desespera.
Pero todo llega y en el paso a Francia — Sixto ayúdame con el nombre del puerto — se enciende la mecha y Bartolo Piépoli, Migueli y el menda se calientan subiendo con el plato mediano los últimos kilómetros. Ya empiezan las animaladas. Y eso que habíamos quedado en regular.
Pirineo Navarro en BTT: Donosti — Lesaka (I)
La felicidad existe. Está en esas alforjas que se bambolean mecidas por un pedalear inseguro y cochinero; está en la mugre que se va acumulando en ese culote resudado que aguanta sin lavar una semana; se encuentra además en esos bocadillos de jamón de medio metro que nos comemos en los portales de las casas bajo la mirada reprobatoria de sus moradores; también es fácil hallarla en las pendientes de un puerto cuando puedes humillar sin ser humillado. Efectivamente, la felicidad existe.
Con estas pocas líneas está resumida la aventura. Pero claro, uno tiene rollo para aburrir así que no me quedo aquí. El “Perineo Navarro” nace auspiciado por nuestro gran patrocinador: Sixto, el becerro de Durango, el bisonte de Gaztelupe, el yunque de Mondragón, la galerna de Bermeo, el aizkolari de Lesaka, la bestia de Alsasua, el oso de Abodi… Sixto ha sido el artífice de esta expedición, de su diseño, del alfa y el omega en casa de Alberto, una persona que se ganó el cielo por alojar bajo su techo, en la misma cama donde dormía, en los mismos platos donde comía, en la misma terraza donde cualquier domingo lee el periódico, a toda una cochambre — viene de cocho: puerco — de seres humanos como somos nosotros con nuestras miserias, dolores, olores, sonidos, materias sólidas, residuos líquidos y demás.

Respiro profundamente recortando las curvas, aprieto los dientes — los míos y los de las coronas de la bici — a la vez que miro el horizonte; en el lado francés hay nubes embarrancadas a baja altura mientras que en el español luce el sol esplendoroso. Estoy notando como me encuentro en lo mejor del verano, en el ecuador de esta temporada tan generosa de montaña y bici. Hay que ser agradecidos por estar aquí, subiendo a tralla, dejándote los pulmones y a la sombra de las hayas.
Nos lanzamos en fuerte descenso hacia Baigorri disfrutando a tope de la jornada. Una carretera de Tour y un pueblo precioso este Baigorri. A la salida catamos los supermercados franceses y hacemos acopio de víveres para comer en Donibane Garazi o Sant Jean Pied de Port — como prefiráis. Antes de la comida nos sorprenden unas lomas donde la gente se enciende — ¿no habíamos quedado en ir tranquilos? — hasta que al final llegamos a Donibane Garazi que es un sitio chulo al que no entramos porque nos quedamos a comer en el primer parque con agua y sombra — entiéndase esta paradoja porque estamos muertos de hambre y ya se sabe que es imposible disfrutar de iglesias si el estómago ruge.
De Lesaka buscamos Etxalar aunque para ahorrarnos la nacional y sus obras nos metemos por un trozo de vía verde que al final tenemos que abandonar por un terraplén para acometer la subida a Etxalar. Allí nos preparamos mentalmente para el puerto: tengo una foto de Emilio sentado en un banco con cara de aburrido pero no la saco porque está borrosa — como casi todas las fotos de este día, no ajustamos bien el ISO a unos sujetos en movimiento y con baja luz. El muchacho está deseando carnaza y claro, como vamos parándonos en todos los sitios, se desespera.
La felicidad existe. Está en esas alforjas que se bambolean mecidas por un pedalear inseguro y cochinero; está en la mugre que se va acumulando en ese culote resudado que aguanta sin lavar una semana; se encuentra además en esos bocadillos de jamón de medio metro que nos comemos en los portales de las casas bajo la mirada reprobatoria de sus moradores; también es fácil hallarla en las pendientes de un puerto cuando puedes humillar sin ser humillado. Efectivamente, la felicidad existe.
