La Sagra — como casi cualquier montaña — admite infinitos itinerarios. El clásico del embudo puede hacerse menos monótono si se elige como descenso alguna alternativa bien distinta. Lo normal es descender por la “pedrera” o “pedriza” aunque en los últimos tiempos cada vez está más deteriorada y lo que antes era un disfrute inmenso ahora se ha convertido en un “penaero” resbalando entre unas pocas piedras sueltas y tierra congelada.
Desde hace tiempo me gusta más bajar por el bosque vertical… Aunque sale una ruta mucho más larga, también es más variada y se abarca prácticamente toda la Norte de la montaña. Además, está muy poco transitada. En su contra: la maraña de caminos que hay que desentrañar para volver a los coches desde el Collado Blanco.
Una nueva salida programada en el Club Montañero Murcia para hacer la Sagra. La intención original era subir por la pingüino pero no hay apenas nieve, así que optamos por hacer el embudo en la subida y descender por el bosque vertical para hacer piernas y darle más enjundia al asunto.
El grupo en su primera parada para quitarse ropa. La gente iba muy rápida... como animalillos desbocados más o menos.
En esta foto están reflejados dos itinerarios. El verde era sin apenas nieve y discurría por la parte más natural del embudo. El rojo se escoraba bastante a la derecha conforme se sube avanzando por los pocos neveros que habían para así aprovechar los crampones desde el principio.
Desde el itinerario rojo esto es lo que se veía: la gente por el centro del embudo con mucho hielo y resbalones. La cosa estaba muy áspera y fea y más de uno se lo pensó al principio de la subida.
El trozo más malo era la entrada del embudo ya que ahí la pendiente es bastante fuerte y había mucho hielo.
Un detalle de mis pies y de la nieve dura. Esta foto está hecha justo al lado de la "barra de pan" que es la piedra grande que hay al final de las pendientes del embudo y que señala la salida a la divisoria principal.
Un vistazo hacia las Sierras de Segura. En primer plano los pliegues de Sierra Seca. Luego los Campos con las Banderilllas. Finalmente la cordillera del Blanquillo al otro lado del tranco. Había una visibilidad extraordinaria y nada de viento. Un día magnífico.
Saliendo hacia la antecima. El grupo muy desperdigado. Entre los primeros y los últimos una hora de reloj. Pero daba gusto esperar con el día tan bueno y las vistas de lujo.
En la cumbre almorzamos con un solecito riquísimo. Se nos ha olvidado la pintura blanca para el pilón que está hecho un desastre. Además retiramos, por expreso deseo de la familia, una foto de Arturo, el montañero fallecido tristemente en la vecina sierra de Castril.
Después del almuerzo, tiramos para abajo por la arista SW buscando el bosque vertical. Ya no hacen falta los crampones. Al fondo se destaca, como siempre, Sierra Nevada.
Antes de llegar al collado que separa la Sagra de la Sagra chica nos encontramos con este tronco seco que enmarca esta imagen de la cresta de la Sagra chica y que se ha puesto de moda en los últimos tiempos.









Buena idea la de pintar el pilon de la cima, la verdad es que da pena como esta,
cuanta gentuza suelta hay por ahi….
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Paco
13 Ene 09 a las 0:11