Hay que aprovechar la primavera excepcionalmente húmeda que tenemos, así que el primer fin de semana de Junio nos vamos para disfrutar de la lluvia y la hierba fresca. Salimos de Cieza donde ha caído una tromba de agua impresionante que nos hizo dudar hasta el último momento y vamos hacia Caravaca para recoger a Bernardo.
En una vueltona que hace la senda atajamos monte a través hasta llegar al eje de la vaguada donde el arroyo del Hombre recoge todas las escorrentías para despeñarse más abajo del cortijo Cubero. Nosotros vamos alucinando con el verdor, la humedad, el aroma, los colores, los sonidos…
[30 de Mayo y 1 de Junio de 2007]
Hay que aprovechar la primavera excepcionalmente húmeda que tenemos, así que el primer fin de semana de Junio nos vamos para disfrutar de la lluvia y la hierba fresca. Salimos de Cieza donde ha caído una tromba de agua impresionante que nos hizo dudar hasta el último momento y vamos hacia Caravaca para recoger a Bernardo.
He aquí a mis dos compañeros de expedición: Salva y Bernardo. Aquí estamos saliendo del coche que dejamos en Fuente Segura, donde nace nuestro río.
Después de ascender unos metros por la pista principal que asciende hacia los Campos desde Fuente Segura, nos desviamos por un pequeño carril que va ganando altura entre enormes laricios, rocas musgosas y un poniente amenazador con densas nubes. Nuestra intención es hacer un recorrido circular como se ve en el siguiente mapa aunque desde el principio modificaremos el trazado:

Más tarde comprobaremos que nuestro plan es muy ambicioso, sobre todo porque hay tramos del recorrido que los tenemos “perdidos” y que debemos localizar. Llevo unas notas que me pasó el amigo Luis RinRan de Cazorla pero no sé si serán suficientes para encontrar ese trozo de senda perdido entre los cortijos de la Fresnedilla y el Collado de Roblehondo.
Pero nosotros seguimos a lo nuestro que la tarde avanza y no nos cunde. En cualquier caso, el carril nos va deparando luces mágicas como éstas.
Y los charcos en el camino nos indican que la Sierra está a tope de agua, como debe ser. Esta foto me recuerda a un libro de juventud que se llamaba “Charcos en el camino” de Alan Parker, aunque la temática no tiene nada que ver…
En un recodo del camino, se nos aparece esta zona umbrosa y oscura donde reina el silencio de las jumas y la promesa de los guíscanos en otoño. La foto me sale rara y creo que es el polarizador, aunque mejor que se pronuncien los expertos.
Entretanto, se va haciendo de noche y montamos el tenderete en lo más profundo de una dolina, protegidos del viento. Pensábamos avanzar un poco más pero preferimos asegurar dormir secos y sin muchas “movidas” a pesar de estar todavía muy lejos de nuestros objetivos.
Al amanecer, y tras un frugal desayuno, lo primero que nos encontramos tras una bajada abrupta son los cortijos de la Hoya de la Albardía. Espléndido paisaje serrano humanizado con casas semiderruídas, tierras de labor abandonadas y árboles como nogueras, fresnos y chopos.
Bernardo posando mientras las nubes comienzan a levantarse aupadas por el calor de la mañana. La hilera de chopos del fondo a la derecha debe estar magnífica en otoño.
En una vueltona que hace la senda atajamos monte a través hasta llegar al eje de la vaguada donde el arroyo del Hombre recoge todas las escorrentías para despeñarse más abajo del cortijo Cubero. Nosotros vamos alucinando con el verdor, la humedad, el aroma, los colores, los sonidos…
Y Salva, como buen biólogo que es, flipa con los árboles que hay por estos lares.
Aquí hay otra muestra más de la vegetación y el agua.
Queremos descender hacia la Fresnedilla y en un momento dado perdemos el sendero hasta el punto de enriscarnos. Aquí estamos ascendiendo buscando un paso practicable.
Y frente a nosotros lo que se ve es la impresionante cordillera de las Banderillas y su flanco Oeste. En el centro de la imagen y en lontananza se puede apreciar el collado de Roblehondo que es uno de nuestros objetivos (inviables) para el día de hoy.
Cuando ya salimos del atolladero vamos a parar a un collado que separa el arroyo del Hombre y el cortijo Cubero de la cuenca del Aguasmulas y la Fresnedilla. Aquí está esta señalización del GR7 que une Pontones con Cotorríos.
En la Fresnedilla paramos a almorzar. El día se está quedando casi despejado y disfrutamos del sol y de las vistas.
Nos pasamos más de una hora rondando los cortijos de la Fresnedilla y el río Aguasmulas buscando la senda que asciende hasta Roblehondo y no damos con ella. Finalmente, descendemos por la pista a ver si la vemos desde la ladera de enfrente y la encontramos, aunque no vemos la forma de entrarle. En resumidas cuentas, se nos va pasando la mañana y los objetivos se pierden, con lo que nos “conformamos” con regresar por el mismo camino e intentarlo en otra ocasión. Aquí el menda posa delante de esa catedral caliza que son las Banderillas.
Para regresar volvemos a subir de la Fresnedilla a la Hoya de la Albardía donde reposamos y dormimos la siesta. Esta foto es la tiná de la Hoyas, en el sendero GR7.
En esta foto se aprecia a la izquierda de la tiná una ladera rocosa que es una buena aproximación para subir a las Banderillas desde esta Hoya. De hecho, es una de las subidas más interesantes a este macizo.
Pero nosotros ya estamos de vuelta y para disfrutar un poco más elegimos un camino distinto. Vamos a seguir el GR7 que se dirige hacia los Centenares a ver qué es lo que vemos por ahí.
Si echamos la vista atrás, justo antes de pasar los collados de las Hoyas y del Fraile, podemos disfrutar de una última panorámica de las Banderillas.
Mientras que si miramos hacia adelante nos encontramos con este otro precioso valle donde se destaca la aldea de los Centenares en primer plano mientras que en el horizonte se recorta el Yelmo.
Sin embargo, como el tiempo apremia, decidimos no pasar por los Centenares y hacer un “to tieso” hacia una zona conocida como “Los Miradores” para retomar la pista por la que ayer ya anduvimos.
Finalmente, llegamos de nuevo a Fuente Segura y a Pontones donde, en un garito infame de cuyo nombre no quiero acordarme, nos tomamos unos vasos de leche con café para reponernos de la caminata. Ha sido una delicia disfrutar de la primavera en toda su plenitud y en un lugar como este. Para volver.








Me acabo de enterar que la Fuente del Segura tenía agua en Octubre de 2007, hacía años que estaba seca.
Un saludo!
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jale
14 Oct 08 a las 0:41
Jale, tenía agua pero en realidad el reportaje corresponde a Mayo de 2007 tal y como aparece al comienzo del texto. Aún así, tienes razón… es muy raro verla con agua.
Saludos.
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Jose
14 Oct 08 a las 10:02
si quieres ver el nacimiento del rio segura con agua,pasate ahora
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mati
30 Dic 09 a las 16:27