Nadie sabe muy bien cómo surgió esta expedición… creo que fue en la subida al Empandas del mes de mayo cuando se soltó así, como quien no quiere la cosa, que la siguiente ya tenía que ser a Sierra Nevada y al Mulhacén. El caso es que la peña se lo tomó a broma… pero nada de eso: se movieron todos los resortes que había que tocar y un mes después estábamos todos en Trevélez dispuestos para lo bueno y lo malo.
Con la gente muy sospechosa del resultado — y del proceso — salimos de Trevélez antes de las 10 de la mañana, con algo de calorcito pero no demasiado. La verea al comienzo es umbrosa, con árboles, agua y construcciones típicas que la hacen muy agradable. El piso está hecho de cantos rodaos que para subir van bien… pero luego a la bajada veremos que se clavarán…

Preparando las mochilas en el Barrio Alto de Trevélez. Las camisetas rojas son petición expresa del fotógrafo de la expedición..
[24, 25 y 26 de Junio de 2005]
Nadie sabe muy bien cómo surgió esta expedición… creo que fue en la subida al Empandas del mes de mayo cuando se soltó así, como quien no quiere la cosa, que la siguiente ya tenía que ser a Sierra Nevada y al Mulhacén. El caso es que la peña se lo tomó a broma… pero nada de eso: se movieron todos los resortes que había que tocar y un mes después estábamos todos en Trevélez dispuestos para lo bueno y lo malo.

Refrescándonos en una de las fuentes que hay en la vereda al salir de Trevélez hacia la Campiñuela.
Con la gente muy sospechosa del resultado — y del proceso — salimos de Trevélez antes de las 10 de la mañana, con algo de calorcito pero no demasiado. La verea al comienzo es umbrosa, con árboles, agua y construcciones típicas que la hacen muy agradable. El piso está hecho de cantos rodaos que para subir van bien… pero luego a la bajada veremos que se clavarán…

Ya empiezan las cuestas duras...
Una vez que se abandona el valle principal del río Trevélez para remontar por la margen derecha también se dejan las sombras y comienzan las cuestas. Avanzamos entre helechos, acequias, pinos raquíticos y la sensación de que aquí podrían crecer muchos más árboles de los que vemos. Es una lástima todo este desorden forestal.

Ganando altura y poniéndonos casi en la misma cota que el Peñabón de Trevélez.
El Peñabón de casi 2500 metros nos sirve para ir calibrando la progresión… no vamos muy mal porque a eso de las 12h superamos esta cota y vamos subiendo tranquilos… sin apretar… esperando lo peor para el final. Un pequeño refrigerio antes de las Chorreras Negras y nos colocamos en Siete Lagunas. Plantamos las tiendas y comemos; tras la siesta hay un pequeño debate para ver qué se hace por la tarde. Un grupo se va para el Mulhacén para así poder salir el domingo temprano hacia casa… otros nos vamos para la Alcazaba y, por último, un tercero se queda aguantando las tiendas para que no se las lleve le viento.
La Alcazaba nos deja pisar su cima no sin antes darnos un revolcón por el Peñón del Globo y sus incómodos bloques. Son más de las 19h… hace bastante viento y no mucho frío. Para bajar probamos por el colaero de Siete Lagunas… vemos que la subida por aquí es más directa y más brutal.

La laguna de la Mosca desde la Alcazaba. Hay pocos neveros pese a estar todavía en Junio.
En la Mosca no vemos tiendas pero seguro que las habrá… está la cosa flojica de nieve… seguro que el año que viene será mejor.

Desde el colaero de Siete Lagunas hay una excepcional panorámica de la Cañada.
Este descenso por el colaero y la cañada de Siete Lagunas lo tengo bien grabado por la luz, porque íbamos tranquilos, satisfechos de haber subido la Alcazaba y seguros de que nos esperaba una cena, una tienda ya montada y un descanso reparador…

Cenando y pasando frío antes de enchufarnos en los sacos.
Cenamos casi de noche y con un viento de mil demonios… hacía bastante frío y enseguida nos empapelamos… no estaba la noche para serenatas.Al día siguiente, tempranico y con viento frío nos vamos todos para el Mulhacén. La cuesta del Resuello en frío enseguida calienta los motores y pronto, pronto nos plantamos en la cumbre.

Mucho frío y viento en el techo de la Península. Aquí recuperamos fuerzas en la ermita.
En lo más alto nos refugiamos en la ermita para tomar un bocado. El viento es tan fuerte que para subir al vértice hay que agarrarse con fuerza al pilón para no volar sobre la Mosca.

Menudo viento... pero Marisol está más feliz que un pitufo.
Después de un descanso rápido nos vamos para abajo… algunos pasamos más frío aquí que en todo el invierno.

En la cima... para que quede constancia... Ojo al gorro de lana de Alejo: más historia condensada en unos gramos de lana es imposible.
Enseguida llegamos de nuevo a Siete Lagunas. Recogemos las tiendas y nos vamos para Trevélez… un baño en el río nos espera… porque por los valles sí que hace calor y apetece refrescarse.

De vuelta a Siete Lagunas, felices por el éxito, libres como un pájaro...
Finalmente, llegamos a Trevélez bastante reventados por la última parte de la senda… ya que machacan mucho los cantos rodados; luego también está la tortura psicológica de ver el pueblo desde muy arriba y pensar que queda poco para terminar. De cualquier forma, todos llegamos más o menos bien y creo que la expedición fue un éxito. ¿Habrá una próxima? Esperemos que sí… ¿o no?






