En Prado Maguillo, nada más entrar al pueblo, a mano izquierda, un par de familias disfruta del sol en una mesa alargada a la sombra de una casa preciosa que más bien parece sacada del valle de Salazar que de este ambiente sureño. Nos invitan y para allá que nos vamos. ¿Cómo decir que no a una cerveza fresca y un rato de charla a la sombra? Son dos familias de Jaén que tienen ahí su segunda residencia. Amablemente nos ofrecen de comer pero les decimos que acabamos de arreglarnos más arriba. Aún así, me bebo un litro de cerveza y algunas mandarinas porque es de fruta de lo que vamos más necesitados. El que mejor parado sale es Moss que, a cambio de jugar un buen rato con toda la chiquillería, recibe como premio los macarrones con carne sobrantes. Esto es felicidad.
Archivo para el lugar ‘arroyo de la espinea’
Viaje a la Sierra (V): del prado de Juan Ruiz a Huelga Utrera
Viaje a la Sierra (IV): de la Pradomira al Prado de Juan Ruiz
La pendiente cede, las miles de trazas se aglutinan en unas pocas y empiezan a verse hitos. El ojo de la borrica se pone bueno y este tipo de resoluciones justifican todas las angustias. Progresamos hacia el Sur por un terreno cada vez más despejado y bonito. ¡Cómo estoy disfrutando de las cascadas y esta traza semiperdida! Al final, llegamos al collado, que más bien es un gigantesco campo de fútbol sobre el que es difícil elegir el descenso. Nos tiramos a la buena de Dios y encontramos nuevas trazas bastante fiables. Las seguimos y pronto se hacen senda. Finalmente, la senda desemboca en otra mayor con señales de PR. BIEN. Estamos donde yo pensaba: en el PR que sube desde Juan Ruiz hacia el Calar de la Sima.
Calar de la Cabeza de la Mora desde la Espinea
Fue a principios del XXI, vivía en Murcia y trabajaba demasiado. Habían pocas oportunidades para salir pero las saboreábamos bien. En Junio me escapé con Bernardo en mi polo verde y lo rajé subiendo a los Prados de Juan Ruiz por la pista del Espino. Aparcamos en el carril que baja al Cortijo de la Espinea y nos zampamos un bocata bajo los chopos. A la noche me descubrí varias picaduras de chinches en el vientre y las ingles. Eso por llevar pantalón corto.
Ascendimos buscando el portillo de la Espinea, luego pasamos de ahí a su Puntal regocijándonos al encontrar un tejo milenario en las sombras casi perpendiculares de un agudo cejo. Nos esforzamos un poco más y apuramos el Calar de la Cabeza de la Mora hacia el Sur para asomarnos al vértice de las Majaícas. Hacía un día precioso, azul hiriente, con viento fresco del Noroeste y unos cirros perezosos descolgados de alguna borrasca que estaría dejando lluvias muy al Norte.
Entre calares — circular en BTT por el centro de la Sierra
Teníamos buen pronóstico de tiempo y todo el sábado por delante así que nos marchamos hacia Yeste, a la aldea de Ladonal donde dejamos el coche. Nuestra intención: remontar por Alcantarilla hacia el Prado de Juan Ruiz y el Espino para ascender hasta el collado de Góntar. De ahí, nos tiramos hacia Peguera del Madroño y, por las Juntas, volver hacia el coche por la carretera que discurre junto al Segura.Somos Migueli, Javi, Víctor y el menda. El día tenía el aliciente de probar unos hierros que le he puesto al coche para llevar las bicis. Su funcionamiento fue impecable. Se adosaron tanto al portón de la Touran que en un bache se me abrió — y cerró — la puerta en un plis plas y la cerradura acabó reventada. Fue para mí la única nota negativa de la jornada — el caso es que fue un error por mi parte ya que debía llevar el seguro del portón echado… mea culpa.
Prado de la Espinea en primavera

Uno de los lugares más hermosos que conozco es la confluencia entre el extremo Sur del Calar de la Sima y el flanco Norte del Calar de la Cabeza de la Mora. Es éste un paraje remoto y aislado a caballo entre las provincias de Albacete y Jaén, en la linde olvidada de dos autonomías. Ese lugar es el Prado de Juan Ruiz.
Allí, entre estos potentes calares y macizos, nace el arroyo de la Espinea que se despeña alegre y resuelto hasta el Segura en la aldea del Parolix. Esta foto está hecha cerca de unos cortijos que hay en la parte alta del arroyo, en el mes de Junio.
Recuerdo que estuvimos almorzando en un cortijo derruido y que, curioseando, además de que nos comieran los chinches, descubrimos que había estado habitado hasta hace muy pocos años. Los niños iban a Siles a la escuela pues encontramos varios cuadernos de escritura en los que se veía la dirección del colegio.
Me llama la atención esta Velvia antigua por la extraña convergencia de los cirros, convergencia oculta por el Calar de la Cabeza de la Mora y acentuada por los chopos del primer plano. De ese día tengo algunas fotos muy llamativas, sobre todo por las nubes inquietas que traía un furibundo viento del Norte. Cuando pueda escanearé algunas más.
He vuelto varias veces por allí con la bicicleta. Es un lugar impresionante, muy poco frecuentado y bastante desconocido. Para mí es uno de los lugares mágicos de mi geografía personal.
En Prado Maguillo, nada más entrar al pueblo, a mano izquierda, un par de familias disfruta del sol en una mesa alargada a la sombra de una casa preciosa que más bien parece sacada del valle de Salazar que de este ambiente sureño. Nos invitan y para allá que nos vamos. ¿Cómo decir que no a una cerveza fresca y un rato de charla a la sombra? Son dos familias de Jaén que tienen ahí su segunda residencia. Amablemente nos ofrecen de comer pero les decimos que acabamos de arreglarnos más arriba. Aún así, me bebo un litro de cerveza y algunas mandarinas porque es de fruta de lo que vamos más necesitados. El que mejor parado sale es Moss que, a cambio de jugar un buen rato con toda la chiquillería, recibe como premio los macarrones con carne sobrantes. Esto es felicidad.
La pendiente cede, las miles de trazas se aglutinan en unas pocas y empiezan a verse hitos. El ojo de la borrica se pone bueno y este tipo de resoluciones justifican todas las angustias. Progresamos hacia el Sur por un terreno cada vez más despejado y bonito. ¡Cómo estoy disfrutando de las cascadas y esta traza semiperdida! Al final, llegamos al collado, que más bien es un gigantesco campo de fútbol sobre el que es difícil elegir el descenso. Nos tiramos a la buena de Dios y encontramos nuevas trazas bastante fiables. Las seguimos y pronto se hacen senda. Finalmente, la senda desemboca en otra mayor con señales de PR. BIEN. Estamos donde yo pensaba: en el PR que sube desde Juan Ruiz hacia el Calar de la Sima.
