Efectivamente, la Sagra es todo esto y mucho más; es una de las montañas más bonitas que conozco por un motivo fundamental: me refiero a su manera de destacar sobre el resto de montañas y sierras que la circundan. La Sagra se advierte fácilmente desde el Este, donde en un amanecer despejado se ve con facilidad desde la Sierra de Ricote, la Sierra del Oro o el altiplano del Cagitán. La nieve se refleja con el sol de la mañana y su forma cónica emerge entre Mojantes y el extremo sur del macizo de los Revolcadores. También es inconfundible desde el Sur, donde se levanta con inusitada fuerza sobre los campos de la Puebla y Buguéjar y aparece al Norte tras la Sierra de Orce cuando atravesamos el pasillo de Chirivel por la A92N.
Hay que andar un poco más finos para percibirla desde el Oeste; por ejemplo, desde la Sierra de la Cabrilla, o desde cualquiera de las sierras que conforman Segura y Cazorla. La Sagra entonces sólo asoma en su tramo final; en ocasiones únicamente se distingue la cima principal y las secundarias asomando por encima de los relieves de Sierra Seca, la Guillimona o sobre el puerto de la Losa. Pero ahí está.
Archivo para el lugar ‘sAGRa’
Sagra de verano
Ascensión a la Sagra — corredor Himalaya
El dry-mating consiste en clavar el piolet en las matas y subir haciendo tracción. Para este muro es una técnica perfecta y Félix la pone en práctica salvándolo con facilidad. Antes de llegar al final del paño, se detiene y coloca un seguro. Lo veo picar con el piolet entre las rocas, limpiar la nieve, el hielo y la tierra. Se entretiene durante muchos minutos. Este Félix es un artista, se dedica a esculpir formas imaginarias en las montañas que visita; las ve desde abajo y me comenta: mira que línea más bonita y entonces se encarama con sus herramientas por donde nadie antes se ha aventurado.
No lleva gubia ni cincel, no necesita escoplo ni martillo, pero yo sé que tiene alma de escultor de montañas. Sus herramientas son los piolets, los fisureros, la maza y sus clavos. Como buen maestro, echa el tiempo que haga falta y no tiene prisa ninguna mientras se embebe en su mundo de silencio, luz y roca. El sol avanza en su trayectoria y ahí sigue el tío, en equilibrio precario, buscando enhebrar de la mejor forma y con toda la paciencia del mundo un nudo empotrado en una grieta infinitesimal. Me quito el casco ante este tío — porque no llevo sombrero — pero enseguida me lo vuelvo a poner que de vez en cuando caen trozos de hielo y piedras por el centro del corredor. Seguimos.
Cumpliendo años en la Sagra — embudo y collado de las Víboras
La Sagra es un buen lugar para celebrar o marcar hitos importantes. No se sube todos los días y normalmente el disco duro de nuestro cerebro, en un alarde periférico, registra no solamente la ascensión en sí sino también su contexto. En esta ocasión Lourdes y yo celebrábamos nuestro cumpleaños como pareja y se me ocurrió — inspirado en la idea de Lelete — ir a celebrarlo con un combinado: ascensión y homenaje global en el hotel de los Collados. La mezcla montaña, pareja, lujo, relax y cena de reyes es altamente recomendable.
Pero no todo iba a ser el pastelón típico de una película americana así que la Sagra nos recibió con una meteo mucho más agresiva de la esperada por lo visto en las predicciones. Ya desde antes de Casablanca, en esa curva mágica en la que la C330 vira a la derecha y en un cambio de rasante aparece majestuosa reflejando el sol naciente, nos dimos cuenta de que en altura pintaba malo: una nube hacía de gorro para la cumbre y otras muchas nubes altas estaban enganchadas en la Guillimona y Sierra Seca.
Sagra generosa — embudo y bosque vertical
Todo ocurre muy rápido. Primero intenta autodetenerse pero no lo consigue; entonces nosotros nos apartamos hacia nuestra derecha porque estamos en su trayectoria. El reloj avanza muy despacio mientras en el segundo intento echa bien el cuerpo sobre el piolet y consigue pararse a unos cinco metros de donde estamos nosotros.
Ascensión a la Sagra — vía pingüino
Vienen las Navidades, desde hace más de un mes no paran de entrar frentes e intensas nevadas que están dejando la Bética como nunca la había conocido por Diciembre. Estamos nerviosos porque queremos asaltar “la banca”, el tesoro blanco de la Sierra, la montaña emblemática por excelencia si uno quiere empaparse de nieve hasta las orejas — sin contar Sierra Nevada evidentemente. Nos referimos, está claro, a la Sagra.
Efectivamente, la Sagra es todo esto y mucho más; es una de las montañas más bonitas que conozco por un motivo fundamental: me refiero a su manera de destacar sobre el resto de montañas y sierras que la circundan. La Sagra se advierte fácilmente desde el Este, donde en un amanecer despejado se ve con facilidad desde la Sierra de Ricote, la Sierra del Oro o el altiplano del Cagitán. La nieve se refleja con el sol de la mañana y su forma cónica emerge entre Mojantes y el extremo sur del macizo de los Revolcadores. También es inconfundible desde el Sur, donde se levanta con inusitada fuerza sobre los campos de la Puebla y Buguéjar y aparece al Norte tras la Sierra de Orce cuando atravesamos el pasillo de Chirivel por la A92N.
El dry-mating consiste en clavar el piolet en las matas y subir haciendo tracción. Para este muro es una técnica perfecta y Félix la pone en práctica salvándolo con facilidad. Antes de llegar al final del paño, se detiene y coloca un seguro. Lo veo picar con el piolet entre las rocas, limpiar la nieve, el hielo y la tierra. Se entretiene durante muchos minutos. Este Félix es un artista, se dedica a esculpir formas imaginarias en las montañas que visita; las ve desde abajo y me comenta: mira que línea más bonita y entonces se encarama con sus herramientas por donde nadie antes se ha aventurado.
La Sagra es un buen lugar para celebrar o marcar hitos importantes. No se sube todos los días y normalmente el disco duro de nuestro cerebro, en un alarde periférico, registra no solamente la ascensión en sí sino también su contexto. En esta ocasión Lourdes y yo celebrábamos nuestro cumpleaños como pareja y se me ocurrió — inspirado en la idea de Lelete — ir a celebrarlo con un combinado: ascensión y homenaje global en el hotel de los Collados. La mezcla montaña, pareja, lujo, relax y cena de reyes es altamente recomendable.
Todo ocurre muy rápido. Primero intenta autodetenerse pero no lo consigue; entonces nosotros nos apartamos hacia nuestra derecha porque estamos en su trayectoria. El reloj avanza muy despacio mientras en el segundo intento echa bien el cuerpo sobre el piolet y consigue pararse a unos cinco metros de donde estamos nosotros.

