¡Vaya! Espero que no estéis pensando que este blog lo escribe un perro. En realidad, este es Moss, un golden retriever que entró a formar parte de nuestra familia en Septiembre de 2007, más o menos cuando el proyecto del blog cobraba forma por lo que su foto no está de más. Por otra parte, muchas de las historias que aquí se relatan tienen a Moss como protagonista. Y que siga siendo así porque es el compañero ideal: no se queja, no sufre (aparentemente), siempre sonríe y cuando arrecia el frío es la mejor manta térmica.
El autor de este blog es quien escribe estas palabras. Me llamo José Antonio Pastor González, natural de Cieza, en la provincia de Murcia. Desde crío ya tenía claro que esto de las montañas era lo mío y tuve suerte porque las montañas de casa, mi casa, son preciosas.
Conforme van pasando los años los límites del hogar cada vez se van haciendo más difusos. Si antes acercarme a la Sagra o a Segura suponía casi una expedición, a día de hoy, lo asumo con total familiaridad hasta el punto de sentirme como en el pasillo de casa cuando camino por la Sierra.
Con esto lo que quiero decir es que los horizontes se van ampliando y puedo contemplar las Béticas como mis montañas, unas montañas que nunca me canso de recorrer y descubrir, desde los cerros más humildes hasta las Nortes más fieras de Sierra Nevada.
Evidentemente, la curiosidad no tiene límites y hemos viajado para conocer otras cordilleras lejanas y grandiosas: Atlas, Alpes, Himalaya… Todas ellas son otros mundos diferentes y no tiene sentido alguno entrar en absurdas comparaciones. Como le ocurría al Principito con su rosa, las montañas que más quiero son las mías porque de ellas no he parado de ocuparme desde que tuve uso de conciencia.
Mi manera de estar en la montaña es variada: esencialmente soy un pisapraos y me gusta caminar despacio. Me encanta descubrir nuevos lugares y valles olvidados. Hace ya mucho que dejé en un segundo plano la ambición de las cumbres aunque, a veces, para encontrar nuevas sensaciones o para tocar ese trozo de cielo que me falta, tengo que colgarme de una cuerda o forzar las situaciones al máximo. En otras ocasiones, cambio las piernas por las dos ruedas y disfruto del espacio y de la luz desde la cadencia y la paz que proporciona la bicicleta.
De la montaña me quedo con las personas con las que comparto las cuestas y el bocadillo: normalmente mis amigos y mi familia. Son ellas las que dan sentido a los madrugones, los dolores de hombro, la respiración entrecortada y el esfuerzo. También son las que más felicidad otorgan cuando puedes saborear la brisa de la cumbre a su lado.
Espero poder seguir durante mucho tiempo añadiendo entradas en este blog. Tengo mis motivos. Y espero seguir poder contando con vosotros al otro lado de la pantalla. Si no, nada de esto tendría sentido. Gracias y nos vemos por las MONTAÑASdelSUR.
