Con mucho trabajo retomo la bici para que no me tengan que esperar mucho rato y cuando llevo un par de kilómetros, al doblar una curva me encuentro a mis compañeros bajo un pino. Llego y me dicen que cambiamos de planes, que nos salimos de la ruta para bajar a dormir a algún pueblo, que le den por saco a dormir en el refugio del Doctor porque quedan muchos kilómetros de ruta y muchos metros de desnivel. Me sorprendo gratamente porque la verdad es que la bici me sale por las orejas y sonrío al comprobar como no soy el único que está hasta las narices. Mi dolor de rodillas se une a escalofríos, temblores y calambres que otros colegas están sufriendo. Bueno, pues vámonos para el valle a dormir limpios y con cena caliente.
Aquí cometemos el clásico error de relajarnos pensando que todo está ya hecho… que sólo va a ser bajar y tirarnos cuesta abajo. Error en el sistema. Resulta que vamos hasta Huéneja pero aún nos queda superar una bajada trialera de las de coger la bici al hombro y unos últimos kilómetros de asfalto que nos acercan a esa cena maravillosa.
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